27/10/15

Taller en Vigo 7/11



¡Hola a tod@s!

A este taller queremos dedicarle un post entero...¿Os imagináis la ilusión que nos hace?

Todos los talleres, todas las charlas, cada sesión de asesoramiento...cada vez que tenemos la oportunidad de compartir este gran tesoro que es la Disciplina Positiva, nos sentimos enormemente ilusionados y felices.

¿Pero qué tiene Vigo? Vigo tiene que hemos dicho un tímido ¿Hola? y se nos ha recibido con más de 100 brazo abiertos...y eso marca.

Queremos agradeceros la acogida y ofreceros a posibilidad de seguir descubriendo una forma de educar que nos ayuda a crecer mientras vemos crecer a nuestros hijos, nos ayuda a sacar lo mejor de nosotros mismos mientras fomentamos la confianza y la motivación y les ayudamos a descubrir sus infinitas capacidades.

Gracias por confiar y querer EDUCAR BONITO.

En las charlas os dimos un adelanto de lo divertido que puede ser mirar la educación con otros ojos, atreverse a buscar algo más allá de los premios y castigos y entender qué nos piden nuestros hijos mientras están aprendiendo a vivir.

¿Os animáis a dar un paso más? ¿Queréis darle un giro total a los gritos, las peleas y la tensión en casa?

Gracias a la Librería Rayuela por abrirnos las puertas acercarnos a las autoras y sus libros, y gracias ahora a La mona chita, por cedernos su espacio, en donde podremos estar ahí Vigo, creciendo con vosotros.

¡¡Nos vemos el día 7!! ¡Sólo quedan 10 plazas!

EDUCA BONITO con Disciplina Positiva




4/10/15

Tu primer día

Te propongo un juego.

Imagina que estás en un despacho. En teoría es tu primer día de "trabajo" aunque aun no tienes muy claro qué tienes que hacer o dónde estás.
A tu alrededor hay un montón de cosas que jamás habías visto y no puedes evitar el impulso de explorar, primero con la mirada y luego con tus manos, todas aquellos pequeños objetos que te intrigan y, de alguna manera que no puedes controlar, te llaman.

Tocas, miras. Investigas. Pero aun así no sabes qué es cada cosa.
Estás solo, o al menos eso crees. Esa sensación de intimidad, por llamarla de alguna manera, da rienda suelta a tu imaginación y a tu sentido de la libertad: "Si todo ésto está aquí, justo delante ¿será para mí, no? Está claro que no se ha puesto aquí por casualidad."

Justo cuando te sientes completamente a gusto, estimulado y a punto de decidir que te encanta todo lo que ves, el corazón se te encoge y das un pequeño salto en la silla. Alguien acaba de entrar sin llamar. Con ímpetu, determinación y sin preguntar.
Qué susto.

Esa persona,que no te mira, sino a la mesa y los objetos que hay en ella, empieza a gritar palabras ininteligibles para ti. Habla en un idioma desconocido y empiezas a sentir temor.
¿Por qué está tan exaltado?
Sus palabras hacen eco en tu cabeza y tu sólo quieres encogerte hasta desaparecer. Sientes que quieres salir corriendo y al mismo tiempo, unas ganas irrefrenables de levantarte y plantarle cara.
 O no. O llorar. A lo mejor llorar es lo que te apetece. Pero no lo tienes claro, porque no puedes pensar con claridad. Su voz, su tono áspero y nada amable no te deja pensar.

No quiero que me diga nada. No así al menos.

Como no sabes qué te dice te quedas quieto. Pero sigue hablando.Parece que demanda algo.¡No se calla!
Quieres entender lo que pasa e intentas preguntar tímidamente.
Error, es un monólogo. No puedes participar.
Entonces optas por tocarlo todo. Revuelves los objetos de la mesa buscando sin saber qué. A lo mejor te está pidiendo algo. Esperas su reacción y no se hace esperar.
Su tono se endurece y el volumen de su voz se eleva.
No. No has acertado. Quedarse quieto no. Tocar tampoco.

¿Qué hago? No entiendo.

Ya sé. Gritaré. Intentaré hablar su idioma. Voy a imitarle.
Entonces gritas y gesticulas. Expulsas sonidos incongruentes dejándote llevar por la intensidad del momento. Has decidido que podrías intentar hacerte entender si te pareces a él.

Para tu sorpresa esa persona se va. Se da la vuelta gritando en su idioma sin sentido y te deja allí, excitado, con la palabra en la boca y queriendo expresar tu indignación.
Menudo primer día.
Menudo trato y menudo training.
Me dejan estos chismes aquí. Me asustan, me gritan y se van.
Pues yo ahora quiero gritar y romper. Que me oigan bien. Me siento mal, enfadado y decido en este instante dejar este puesto. Me niego a trabajar aquí, cooperar o intentar esforzarme por esta "empresa" si cualquiera puede venir y humillarme así.

No entiendo por qué se van.
Y ahora necesito que venga alguien y me explique qué narices pasa. Y un café de paso.

Y entonces gritas pidiendo ayuda. Estás solo y desconcertado.
Y no viene nadie.

Pasa un rato y decides que es inútil. Te rindes. No van a aparecer.No vale la pena.
Aunque...espera. ¿Qué estaba haciendo cuando entró esa persona?
Si. Ya sé. Tocar los objetos de mi mesa.
Recuerdo concretamente que esta accionando el botón verde ese....

Efectivamente. Lo has conseguido. Qué buena decisión. Ahí está esa persona otra vez.
Intentas hablarle en un idioma entre el tuyo y el suyo. Estás nervioso. Creías que era lo que tenías que hacer pero resulta que ya ni habla. Su cara lo dice todo. O nada. No sabes. Otra vez perdido.

Te agarra por el brazo, te levanta casi en volandas y gritando en otro idioma con muchas más consonantes te sienta en una silla y vuelve a marcharse.

¿Cómo te sientes?
¿Qué estás pensando?
¿Qué estás decidiendo?

Todos los días pueden primeros días.
Todo puede ser susceptible de ser aprendido. O no.





2/10/15

GRACIAS POR VENIR

"Gracias por venir"



Sólo puedo empezar así. Sólo me salen esas tres palabras cuando recorro con la mirada al grupo de madres y padres que se toman la molestia de acudir a mis talleres.
Realmente me gustaría decirles muchas más cosas, pero el tiempo está muy medido.
Hay mucho que hacer.

Ahora escribiendo ésto, sin limites ni esquemas, si pudiera volver a recorrer todas esas miradas con calma, parándome en cada uno, acercándome y conectándome con cada historia sin tener que mirar el reloj, les diría que para mi es un privilegio poder escucharles a ellos, poder recibir sus inquietudes y dudas para nutrir con sus experiencias mis ganas de seguir trabajando.

Les diría que cada taller para mi es una gran responsabilidad, como una "sanación" en la que puedo desagraviar gritos, insultos, bofetadas o cuartos oscuros que infinidad de niños han tenido que sufrir "porque vas a aprender por las buenas o por las malas".
 Me hace pensar que podemos, en cierta manera, ayudar a cambiar poquito a poco las cosas. Y les agradezco la humildad y la confianza. El interés y la generosidad.
Y no me avergüenza decir que hasta les abrazaría uno a uno, pero no hay tiempo y no procede.
De momento.

El hecho de sentarme en círculo con ellos y poner en el centro de la habitación y en el epicentro de nuestras prioridades a la infancia y a la educación, me hace sentirme agradecida, aliviada y fortalecida. Pero sobretodo esperanzada. El cambio pide paso.

Cada taller lo vivo como hija, madre, hermana...como profesional, como amiga, como testigo de mil infancias anónimas con las que me cruzo cada día.

Y es que facilitar a un grupo de madres/ padres y educadores el camino hacia una educación consciente se me hace demasiado grande como para describirlo en unas cuantas líneas, pero me gusta hacerlo hablando de su lenguaje no verbal.
Puede ser por haberme dedicado a la Logopedia o por empatía, pero lo cierto es que me fijo siempre en los gestos, movimientos y posturas. Me gusta leer en la gente lo que pueden estar sintiendo o pensando porque nos pasa a todos: en ocasiones no podemos expresarlo con palabras pero somos chivatos indiscretos de lo que nos pasa por dentro.

Cuando empiezo agradeciendo y presentándome veo caras concentradas, esperando, miradas fijas y expresiones más serias de lo que me gustaría muchas veces. Veo brazos y piernas cruzadas.
Estamos sentados unos enfrente de otros y mi reto es hacer que derriben sus muros y empiecen a construir puentes, hacia mi, entre ellos, y hacia sus hijos. Facilitarles el camino hacia la conexión.

Les cuento, ellos hablan, trabajamos, vivenciamos, procesamos, reflexionamos, y después de haber compartido esas horas de evolución, de aprendizaje y de emoción ya no hay caras rígidas o miradas fijas, no hay brazos o piernas cruzadas. Hay personas sentadas en el borde de una silla gesticulando mientras dejan fluir todo lo que están experimentando. Es como un huracán que barre prejuicios, miedos, culpas y oscuridad para dejar paso a miradas con luz, a un millón de respuestas y a expresiones animadas que quieren decir "ahora si".

Se oye un "click" general de mentes trabajando en la apertura.
Se respira un ambiente de emociones contenidas y de corazones acelerados bajando una montaña rusa al mismo tiempo porque, como muchos me dicen al abrazarme para irse: me has dejado tocadísim@.

Ser parte del proceso de cambio de familias que no se conforman simplemente con "condicionar" a sus hijos, que quieren respetarlos para enseñarles que la vida sólo funciona si nos tenemos en cuenta los unos a los otros es, después de educar a mis propios hijos, lo único que consigue que a veces me tiemble la voz.

María Soto






6/9/15

Inocencia



Describir la inocencia es como intentar ponerle melodía a un sentimiento. No se puede definir la mirada de un niño, porque nos habla con el idioma del universo y a nosotros los adultos, se nos ha olvidado entenderlo.

Observar la inocencia es contemplar a un niño maravillarse cuando a un caracol le "salen los cuernos al sol".Ver ese brillo en sus ojos y saber agradecerlo.
Es escuchar su risa nerviosa la primera vez que nota el lametazo de un perro en la cara.
Es emocionarse contemplando su paz mientras duerme.
Poder observar la inocencia y ser conscientes de que ese pequeño ser humano está experimentando un millón de sensaciones que jamás había sentido antes, debería ser para nosotros todos los regalos de Navidad en un segundo.
Porque a veces se nos pasa de largo, a veces no reparamos en que esa duda al bajar un escalón es la primera vez que experimenta el miedo, o no somos conscientes de que aquella pelea con su primo favorito fue su primera gran decepción.
Qué ciegos al meterle prisa porque llegamos tarde o al obligarle a que se reconcilie con su primo para seguir jugando.

No. Es su primer miedo. Es su primera decepción.
Es el mundo el que debería pararse a observar y acompañar ese momento. Es el mundo el que debería detenerse a respetar ese instante único.

La inocencia es la ignorancia del mal, la mirada limpia que contempla desde el asombro, la curiosidad y la luz. Qué pena ser testigos de tal acontecimiento y vivir pensando en todo lo que no es realmente importante mientras está sucediendo justo a nuestro lado...y nos lo estamos perdiendo.
Y lo que es peor, muchas veces, lo estamos contaminando.

¿Qué pasaría si nunca perdiéramos la inocencia? ¿Qué pasaría si fuéramos capaces de vivir experimentando cada día como un regalo? ¿ Cómo sería vivir sin que las ganas de explorar y aprender se marchitasen?

El mundo no está preparado para acoger y proteger como se merece a tanta grandeza. Nos hemos olvidado de lo que era ser capaces de sentir sin medida.

¿Alguna vez has visto la reacción de un bebé cuando su madre entra en la misma habitación?
Esa mezcla de urgencia, felicidad y nerviosismo. Esa cara iluminada y esos bracitos  aleteando como si quisiera echarse a volar. Esa mirada infinita.

Se nos pasa por alto que ese momento es AMOR. Estamos siendo testigos de la pureza.

Los niños son las nuevas oportunidades de observar lo real y lo auténtico. Son la píldora para la tristeza y el verdadero combustible que puede iluminar todo lo que realmente es necesario que veamos.

Si fuéramos conscientes de la magnitud de esos momentos, de lo sagrado y lo auténtico de ese llanto o de esa risa, viviríamos días que valdrían mucho más la pena.

La inocencia de los niños es la naturalidad, es la tranquilidad dentro de un huracán en crecimiento.
La inocencia es pensar que todo puede ser maravillosamente emocionante sin cansarse de esperar. Sin perder los ánimos. Porque les desborda la ilusión, porque el infinito no está suficientemente lejos.

La inocencia es la fe. Es tener la convicción ciega de que mis padres pueden y saben , de que los Reyes vienen cada año, de que todo es posible si puedes imaginarlo. De que si tú me lo dices...¡¡cómo no creerlo!!

Si fuéramos capaces de preservar esa candidez el mayor tiempo posible, si nos parásemos a pensar si realmente vale la pena apurar los tiempos y tener "niños mayores" con 3 años, o princesas con 5...Si fuéramos conscientes de que la inocencia no se recupera si la pierdes y que no hace falta jugar con pistolas o espadas...que las guerras ya llegan solas cuando menos te lo esperas.
Si fuéramos conscientes de que una vida que crece es todo lo que hay de divino en el mundo, a lo mejor nos lo pensaríamos dos veces antes de volver a decir " así se van curtiendo".
Antes de volver a faltarles al respeto.

Si. No vivimos en otra parte. Vivimos en guerras, corrupciones y soledad. Vivimos en estrés, en capitalismo y en enfermedad. Todos tenemos que aprender a convivir con lo que no es bonito, con lo que duele. Tenemos que crecer, evolucionar y adaptarnos a lo que a cada uno le toque.
Aprender a vivir...Pero si fuéramos capaces de conectarnos con el niño que fuimos, si fuéramos capaces de volver a sentir "primeras veces" y a ver lo maravilloso en lo pequeño o insignificante, quizás podríamos respetar la pureza de esas almas que creemos en construcción, pero que son las que realmente pueden darnos lecciones de grandeza.

Detengamos un momento el tiempo, bajémonos del mundo y como el concurso del "carro blindado", construyamos con ellos de cada día un juego. Porque lo que no te he dicho es que si miras de cerca a un niño, te pones bizco y se ríe tienes que pegarte mucho mucho a su pecho. Si escuchas el colibrí aleteando que vive dentro, quizás te contagies y puedas ser inocente de nuevo.

;)

María Soto

18/8/15

GEMEINSCHAFTSGEFÜHL



Me encantaría saber pronunciar esta palabra. Poder decirla de forma adecuada e incorporarla en mi vocabulario habitual.
A simple vista parece el nombre de una estación de tren a las afueras de una ciudad Alemana.
O el apellido de alguien importante: Otto Von Gemein...noséqué...

Pero no. GEMEINSCHAFTSGEFÜHL para mi es la llave que abre la puerta de una nueva forma de ver el mundo. O quizás la única forma posible de mirar al futuro con algo de esperanza.
Todas esas letrajas jutas y apiñadas me dicen TODO.

Es una lástima que no se entienda bien, y no hablo precisamente del idioma en el que está escrita, sino de su significado mismo.
Incomprensible por desgracia para muchos aunque, con ojos optimistas, parece que podemos respirar y no sentirnos decepcionados de nosotros mismos.

Significa SENTIDO DE COMUNIDAD o INTERÉS SOCIAL.

Y ¿Sabes qué?
Que estamos diseñados para buscar la forma de entendernos.
Pero no lo sabemos.

Quién no recuerda las imágenes de aquel fatídico día de Marzo en el que el odio se llevó a casi 200 personas por delante. Aquel trágico día que quedará marcado en nuestra memoria para siempre.
El dolor y la pena nos vienen rápido a la cabeza y al corazón al pensar en una fecha: 11M.

Pero...y si recordamos aquellas imágenes que dieron la vuelta al mundo. Aquellas personas anónimas arriesgando su integridad por ayudar a los demás, por socorrer a las víctimas. No dudaron un segundo en acudir al rescate y organizarse de manera asombrosamente rápida para salvar a los supervivientes.

Cómo reconforta pensar que de un acto tan atroz pudieron aflorar las reacciones más heróicas.
Qué alivio comprobar que si necesito ayuda, tú, que no me conoces, vendrás en mi auxilio.

Y pasa siempre.
Angrois.
En cada tragedia, en cada desastre. Nos organizamos para darlo TODO por los demás.
En mi ciudad hay un monumento a 3 policías, a 3 HÉROES que dieron su vida por otro.

Sabemos ayudarnos. Sabemos olvidarnos de nosotros. Sabemos renunciar a nuestro tiempo, a nuestros "bienes" materiales, a nuestra vanidad.
Nos sale solo.

¿Cuántos voluntarios anónimos hay en el mundo trabajando por reparar injusticias o desigualdades?

El interés social nos sale de dentro.

El bien del otro por encima del mio.

El bien del grupo. El bien común.

A veces da miedo pensar en esa renuncia, en esa falta de comodidad que supone ceder en algo por los demás.  Pero ...¿y si somos nosotros los que necesitamos ayuda, comprensión o empatía en un momento dado? ¿Y si, en un mal momento de su vida, es uno de nuestros hijos el que necesita que alguien de su entorno se olvide un poco de sí mismo para prestarle su ayuda actuando en favor de " el bien común"? ¿Y si son ellos los que necesitan un héroe anónimo, un acto de generosidad?

Nos gustaría pensar que no van a estar solos. Que esta sociedad evoluciona igual de rápido que la tecnología o la ciencia y que cada vez somos un grupo más unido a la vez que diverso y tolerante.

Pero desgraciadamente sabemos que queda mucho camino que recorrer para llegar a ser una humanidad "humana".

Suena a utopía. Paz en el mundo. Vivir felices. We are the world.

¿No tenemos remedio? Estoy convencida de que sí. De que necesitamos abrir los ojos y comprobar que nada es posible si recorremos el camino solos. Estoy convencida de que se puede "resetear" el mundo y grabarnos una palabra en el disco duro:

CONEXIÓN.

Si conseguimos interiorizar el hecho de que la conexión entre nosotros es lo que nos enriquece, podremos perderle el miedo a abandonar los individualismos que nos está extinguiendo. Suena drástico pero es así. No hace falta que describa lo que pasaría si cada ser humano pensara solamente en sí mismo.

¿Y qué nos está salvando del colapso?
LA FAMILIA

¿Por quienes somos capaces de olvidarnos de nosotros mismos?

¿A que si? ..¿A que sólo por ellos?...

Nuestros hijos nos enseñan a renunciar a absolutamente todo lo irrenunciable con el simple hecho de existir. Nuestros padres nos inspiran generosidad y entrega. Nuestros hermanos nos enseñan lo que es la primera amistad.

¿ Y si damos un paso más? Por qué no ampliar el círculo.
¿Y si nos aprendemos esa palabreja y educamos pensando un poco más en ella?
¿Y si sembramos en nuestro hijos el sentido de pertenencia de manera que ellos lo transmitan y lo tengan también en cuenta?
Podemos buscar un ambiente cooperativo en casa, en donde todos juntos CONSTRUIMOS FAMILIA.
Podemos enseñar a nuestros hijos a aportar opiniones, decisiones, soluciones, pero también a renunciar a veces por el bien común del grupo:

" Yo quiero ir al parque pero es mejor llegar a tiempo a casa de la abuela"

Se puede inculcar en nuestros hijos la idea de que no siempre tiene que imponerse la voluntad propia.
Se puede enseñar que renunciar a veces es dejar crecer a los demás y, en consecuencia, crecimiento  de todos. Es bonito ver cómo va naciendo en ellos la generosidad como reflejo de ese sentido de pertenencia... ¿Cómo creéis que se cultiva?

"La entrega engrandece". "Ayudar para ayudarse a uno mismo". "Dar es recibir".
Parecen lemas o slogans fáciles, pero encierran muchas de las claves de la felicidad.

Conjugar los verbos en primera persona es necesario, pero NOSOTROS es una palabra muy bonita.
Liberarse un poco del YO y hablar en plural da fuerza, respaldo, cobertura.
 Es como sentirse equilibrista: "Yo camino sobre la cuerda, pero la red está ahí por si me caigo"

No cambiaremos el mundo en una semana pero nuestros hijos aprenderán a cooperar mientras crecen dejando crecer. Compartiendo.
Primero en casa. Luego en el mundo.
A lo mejor algún día conseguimos que deje de ser noticia el hecho de ayudarnos o pensar en los demás, porque habremos conseguido entender, no que la unión hace la fuerza, sino que la conexión y la cooperación crean humanidad. Nos ayudan a crecer individualmente y como grupo.

Inténtalo, es difícil, pero al final suena bien...GEMEINSCHAFTSGEFÜHL ;)

María Soto Álvarez de Sotomayor


















7/8/15

Evolución

¡Que entre el color!

Le decimos adiós a nuestro antiguo logo y damos a bienvenida a todos los retos nuevos, a la aventura y a las ganas de avanzar.

Gracias logo viejo, te sacaremos de vez en cuando a pasear.

24/7/15

"Mi madre es tonta"


"Tengo 3 recuerdos de mi infancia y mi juventud que creo que no necesitarían tinta si me hiciera un tatuaje sobre ellos.
 El más grande, profundo y bonito es la imagen de mi madre distraída en el aeropuerto. Su actitud  aparentemente fría me hundió en una decepción que tardaría años en superar, pero hoy, después de 3 décadas, conservo en mi mente y en mi corazón ese instante como uno de los más importantes de mi vida.

Fue una época difícil para mí, aunque supongo que no mucho más difícil que para el resto de chicas de 14 años. Ahora que puedo verlo a través de otros ojos sé que tuvo que ser complicado convivir con un ceño fruncido con portazo perpetuo incorporado. La edad del pavo, que le llaman. 

Me recuerdo en un enfado constante, en un malestar conmigo misma y los demás que no lograba entender. Con un millón de preguntas que, según el día o incluso la hora, tenían diferentes respuestas para mí. 
Tampoco se me olvida esa montaña rusa de hormonas y sensaciones, que bailaban entre la lágrima y la carcajada con una cadencia peligrosamente incongruente.
Pero "molaba".
Era feliz riendo o llorando, porque intuyo que eso era exactamente lo que tenía que ser.

Y mi madre.
"Mi madre es tonta". 
Era mi frase. Mi lema en mi super-pandilla de clase, en mi super-colegio.En mi super-mundo.

Pero mi madre... 
Yo realmente la adoraba, la admiraba y la veneraba en secreto. 

La observaba muchas veces, y aunque la mayor parte del tiempo una voz siniestra me decía que le llevara la contraria por sistema, echaba infinitamente de menos sentarme en su regazo o que me contara cosas mientras me peinaba la melena. Hacía demasiado tiempo de eso, pero realmente hacía muy poco tiempo de eso.

La buscaba constantemente. La provocaba para intentar conseguir un poco más de ella. Algo más intenso que su paciencia infinita y su mirada serena. Un grito. Me daba igual. Su aparente pasividad me sacaba de quicio, aunque poco después comencé a entender todas aquellas frases que en su día  me desconcertaban. Ahora son las las llaves que me han abierto casi todas la puertas de mi vida.

"Te noto alterada. Creo que es mejor que busquemos otro momento para hablar"
"Sé que si es importante para ti encontrarás una solución"

"Mi madre es tonta"

Y aquel día.Mi tatuaje sin tinta.
La despedida.

Después de un año nefasto en el colegio, la directora le propuso a mis padres enviarme un año al extranjero para aprender un idioma. Querían mandarme a un pueblo en Francia, cerca de Bélgica.
En aquel momento pensé que realmente querían deshacerse de mi.

Y encima no se les ocurre otra cosa que preguntarme. 
"Es tu decisión ¿Quieres ir?"
SI.

Si, con una tonelada de orgullo frenando un océano de lágrimas justo en el borde de mis párpados.
Si, con los puños apretados para contener el tembleque de la voz.
Si, con un "no me importa nada" en la mirada y un "no puedo vivir sin vosotros" en el corazón.

Y me fui.

Y ya me había ido al salir del despacho de la directora. Y estuve ausente, muy lejos, durante todo el mes que duraron los preparativos.Y no me dí cuenta de los ojos rojos de mi madre de vez en cuando en la cocina.

No se me olvidará en la vida su abrazo medido y estudiado que antes no sabía y ahora sé leer, lleno de contención, de respeto por no venirse abajo. Su "Sabes que te quiero y confío en que será una gran experiencia para ti" que en ese momento fue un "blablablabla" y ahora vale más para mi que todas la palabras que me quedan por oír.

Siempre será mi recuerdo más preciado, porque con los años, la experiencia y todo lo que supuso para mi futuro ese año, jamás podré agradecerle lo suficiente a mi madre su aliento y su confianza. El hecho de no haberme rescatado, sino de permitirme encontrar mi propio poder.Mis respuestas y mi propia vida.
El hecho de demostrarme un amor infinito en un abrazo que yo sentí contenido, pero que realmente me llenaba la mochila de calor suficiente para dar la vuelta al mundo.

Pero sobretodo, el hecho de haber sabido entender que yo, en aquel momento, no entendía nada."

A todas las hijas que, ahora madres, han aprendido a reconciliar recuerdos.
( Y a M. Aguado, por acompañarme en muchos de ellos)

María Soto Álvarez de Sotomayor