6/9/15
Inocencia
Describir la inocencia es como intentar ponerle melodía a un sentimiento. No se puede definir la mirada de un niño, porque nos habla con el idioma del universo y a nosotros los adultos, se nos ha olvidado entenderlo.
Observar la inocencia es contemplar a un niño maravillarse cuando a un caracol le "salen los cuernos al sol".Ver ese brillo en sus ojos y saber agradecerlo.
Es escuchar su risa nerviosa la primera vez que nota el lametazo de un perro en la cara.
Es emocionarse contemplando su paz mientras duerme.
Poder observar la inocencia y ser conscientes de que ese pequeño ser humano está experimentando un millón de sensaciones que jamás había sentido antes, debería ser para nosotros todos los regalos de Navidad en un segundo.
Porque a veces se nos pasa de largo, a veces no reparamos en que esa duda al bajar un escalón es la primera vez que experimenta el miedo, o no somos conscientes de que aquella pelea con su primo favorito fue su primera gran decepción.
Qué ciegos al meterle prisa porque llegamos tarde o al obligarle a que se reconcilie con su primo para seguir jugando.
No. Es su primer miedo. Es su primera decepción.
Es el mundo el que debería pararse a observar y acompañar ese momento. Es el mundo el que debería detenerse a respetar ese instante único.
La inocencia es la ignorancia del mal, la mirada limpia que contempla desde el asombro, la curiosidad y la luz. Qué pena ser testigos de tal acontecimiento y vivir pensando en todo lo que no es realmente importante mientras está sucediendo justo a nuestro lado...y nos lo estamos perdiendo.
Y lo que es peor, muchas veces, lo estamos contaminando.
¿Qué pasaría si nunca perdiéramos la inocencia? ¿Qué pasaría si fuéramos capaces de vivir experimentando cada día como un regalo? ¿ Cómo sería vivir sin que las ganas de explorar y aprender se marchitasen?
El mundo no está preparado para acoger y proteger como se merece a tanta grandeza. Nos hemos olvidado de lo que era ser capaces de sentir sin medida.
¿Alguna vez has visto la reacción de un bebé cuando su madre entra en la misma habitación?
Esa mezcla de urgencia, felicidad y nerviosismo. Esa cara iluminada y esos bracitos aleteando como si quisiera echarse a volar. Esa mirada infinita.
Se nos pasa por alto que ese momento es AMOR. Estamos siendo testigos de la pureza.
Los niños son las nuevas oportunidades de observar lo real y lo auténtico. Son la píldora para la tristeza y el verdadero combustible que puede iluminar todo lo que realmente es necesario que veamos.
Si fuéramos conscientes de la magnitud de esos momentos, de lo sagrado y lo auténtico de ese llanto o de esa risa, viviríamos días que valdrían mucho más la pena.
La inocencia de los niños es la naturalidad, es la tranquilidad dentro de un huracán en crecimiento.
La inocencia es pensar que todo puede ser maravillosamente emocionante sin cansarse de esperar. Sin perder los ánimos. Porque les desborda la ilusión, porque el infinito no está suficientemente lejos.
La inocencia es la fe. Es tener la convicción ciega de que mis padres pueden y saben , de que los Reyes vienen cada año, de que todo es posible si puedes imaginarlo. De que si tú me lo dices...¡¡cómo no creerlo!!
Si fuéramos capaces de preservar esa candidez el mayor tiempo posible, si nos parásemos a pensar si realmente vale la pena apurar los tiempos y tener "niños mayores" con 3 años, o princesas con 5...Si fuéramos conscientes de que la inocencia no se recupera si la pierdes y que no hace falta jugar con pistolas o espadas...que las guerras ya llegan solas cuando menos te lo esperas.
Si fuéramos conscientes de que una vida que crece es todo lo que hay de divino en el mundo, a lo mejor nos lo pensaríamos dos veces antes de volver a decir " así se van curtiendo".
Antes de volver a faltarles al respeto.
Si. No vivimos en otra parte. Vivimos en guerras, corrupciones y soledad. Vivimos en estrés, en capitalismo y en enfermedad. Todos tenemos que aprender a convivir con lo que no es bonito, con lo que duele. Tenemos que crecer, evolucionar y adaptarnos a lo que a cada uno le toque.
Aprender a vivir...Pero si fuéramos capaces de conectarnos con el niño que fuimos, si fuéramos capaces de volver a sentir "primeras veces" y a ver lo maravilloso en lo pequeño o insignificante, quizás podríamos respetar la pureza de esas almas que creemos en construcción, pero que son las que realmente pueden darnos lecciones de grandeza.
Detengamos un momento el tiempo, bajémonos del mundo y como el concurso del "carro blindado", construyamos con ellos de cada día un juego. Porque lo que no te he dicho es que si miras de cerca a un niño, te pones bizco y se ríe tienes que pegarte mucho mucho a su pecho. Si escuchas el colibrí aleteando que vive dentro, quizás te contagies y puedas ser inocente de nuevo.
;)
María Soto
18/8/15
GEMEINSCHAFTSGEFÜHL
Me encantaría saber pronunciar esta palabra. Poder decirla de forma adecuada e incorporarla en mi vocabulario habitual.
A simple vista parece el nombre de una estación de tren a las afueras de una ciudad Alemana.
O el apellido de alguien importante: Otto Von Gemein...noséqué...
Pero no. GEMEINSCHAFTSGEFÜHL para mi es la llave que abre la puerta de una nueva forma de ver el mundo. O quizás la única forma posible de mirar al futuro con algo de esperanza.
Todas esas letrajas jutas y apiñadas me dicen TODO.
Es una lástima que no se entienda bien, y no hablo precisamente del idioma en el que está escrita, sino de su significado mismo.
Incomprensible por desgracia para muchos aunque, con ojos optimistas, parece que podemos respirar y no sentirnos decepcionados de nosotros mismos.
Significa SENTIDO DE COMUNIDAD o INTERÉS SOCIAL.
Y ¿Sabes qué?
Que estamos diseñados para buscar la forma de entendernos.
Pero no lo sabemos.
Quién no recuerda las imágenes de aquel fatídico día de Marzo en el que el odio se llevó a casi 200 personas por delante. Aquel trágico día que quedará marcado en nuestra memoria para siempre.
El dolor y la pena nos vienen rápido a la cabeza y al corazón al pensar en una fecha: 11M.
Pero...y si recordamos aquellas imágenes que dieron la vuelta al mundo. Aquellas personas anónimas arriesgando su integridad por ayudar a los demás, por socorrer a las víctimas. No dudaron un segundo en acudir al rescate y organizarse de manera asombrosamente rápida para salvar a los supervivientes.
Cómo reconforta pensar que de un acto tan atroz pudieron aflorar las reacciones más heróicas.
Qué alivio comprobar que si necesito ayuda, tú, que no me conoces, vendrás en mi auxilio.
Y pasa siempre.
Angrois.
En cada tragedia, en cada desastre. Nos organizamos para darlo TODO por los demás.
En mi ciudad hay un monumento a 3 policías, a 3 HÉROES que dieron su vida por otro.
Sabemos ayudarnos. Sabemos olvidarnos de nosotros. Sabemos renunciar a nuestro tiempo, a nuestros "bienes" materiales, a nuestra vanidad.
Nos sale solo.
¿Cuántos voluntarios anónimos hay en el mundo trabajando por reparar injusticias o desigualdades?
El interés social nos sale de dentro.
El bien del otro por encima del mio.
El bien del grupo. El bien común.
A veces da miedo pensar en esa renuncia, en esa falta de comodidad que supone ceder en algo por los demás. Pero ...¿y si somos nosotros los que necesitamos ayuda, comprensión o empatía en un momento dado? ¿Y si, en un mal momento de su vida, es uno de nuestros hijos el que necesita que alguien de su entorno se olvide un poco de sí mismo para prestarle su ayuda actuando en favor de " el bien común"? ¿Y si son ellos los que necesitan un héroe anónimo, un acto de generosidad?
Nos gustaría pensar que no van a estar solos. Que esta sociedad evoluciona igual de rápido que la tecnología o la ciencia y que cada vez somos un grupo más unido a la vez que diverso y tolerante.
Pero desgraciadamente sabemos que queda mucho camino que recorrer para llegar a ser una humanidad "humana".
Suena a utopía. Paz en el mundo. Vivir felices. We are the world.
¿No tenemos remedio? Estoy convencida de que sí. De que necesitamos abrir los ojos y comprobar que nada es posible si recorremos el camino solos. Estoy convencida de que se puede "resetear" el mundo y grabarnos una palabra en el disco duro:
CONEXIÓN.
Si conseguimos interiorizar el hecho de que la conexión entre nosotros es lo que nos enriquece, podremos perderle el miedo a abandonar los individualismos que nos está extinguiendo. Suena drástico pero es así. No hace falta que describa lo que pasaría si cada ser humano pensara solamente en sí mismo.
¿Y qué nos está salvando del colapso?
LA FAMILIA
¿Por quienes somos capaces de olvidarnos de nosotros mismos?
¿A que si? ..¿A que sólo por ellos?...
Nuestros hijos nos enseñan a renunciar a absolutamente todo lo irrenunciable con el simple hecho de existir. Nuestros padres nos inspiran generosidad y entrega. Nuestros hermanos nos enseñan lo que es la primera amistad.
¿ Y si damos un paso más? Por qué no ampliar el círculo.
¿Y si nos aprendemos esa palabreja y educamos pensando un poco más en ella?
¿Y si sembramos en nuestro hijos el sentido de pertenencia de manera que ellos lo transmitan y lo tengan también en cuenta?
Podemos buscar un ambiente cooperativo en casa, en donde todos juntos CONSTRUIMOS FAMILIA.
Podemos enseñar a nuestros hijos a aportar opiniones, decisiones, soluciones, pero también a renunciar a veces por el bien común del grupo:
" Yo quiero ir al parque pero es mejor llegar a tiempo a casa de la abuela"
Se puede inculcar en nuestros hijos la idea de que no siempre tiene que imponerse la voluntad propia.
Se puede enseñar que renunciar a veces es dejar crecer a los demás y, en consecuencia, crecimiento de todos. Es bonito ver cómo va naciendo en ellos la generosidad como reflejo de ese sentido de pertenencia... ¿Cómo creéis que se cultiva?
"La entrega engrandece". "Ayudar para ayudarse a uno mismo". "Dar es recibir".
Parecen lemas o slogans fáciles, pero encierran muchas de las claves de la felicidad.
Conjugar los verbos en primera persona es necesario, pero NOSOTROS es una palabra muy bonita.
Liberarse un poco del YO y hablar en plural da fuerza, respaldo, cobertura.
Es como sentirse equilibrista: "Yo camino sobre la cuerda, pero la red está ahí por si me caigo"
No cambiaremos el mundo en una semana pero nuestros hijos aprenderán a cooperar mientras crecen dejando crecer. Compartiendo.
Primero en casa. Luego en el mundo.
A lo mejor algún día conseguimos que deje de ser noticia el hecho de ayudarnos o pensar en los demás, porque habremos conseguido entender, no que la unión hace la fuerza, sino que la conexión y la cooperación crean humanidad. Nos ayudan a crecer individualmente y como grupo.
Inténtalo, es difícil, pero al final suena bien...GEMEINSCHAFTSGEFÜHL ;)
María Soto Álvarez de Sotomayor
A simple vista parece el nombre de una estación de tren a las afueras de una ciudad Alemana.
O el apellido de alguien importante: Otto Von Gemein...noséqué...
Pero no. GEMEINSCHAFTSGEFÜHL para mi es la llave que abre la puerta de una nueva forma de ver el mundo. O quizás la única forma posible de mirar al futuro con algo de esperanza.
Todas esas letrajas jutas y apiñadas me dicen TODO.
Es una lástima que no se entienda bien, y no hablo precisamente del idioma en el que está escrita, sino de su significado mismo.
Incomprensible por desgracia para muchos aunque, con ojos optimistas, parece que podemos respirar y no sentirnos decepcionados de nosotros mismos.
Significa SENTIDO DE COMUNIDAD o INTERÉS SOCIAL.
Y ¿Sabes qué?
Que estamos diseñados para buscar la forma de entendernos.
Pero no lo sabemos.
Quién no recuerda las imágenes de aquel fatídico día de Marzo en el que el odio se llevó a casi 200 personas por delante. Aquel trágico día que quedará marcado en nuestra memoria para siempre.
El dolor y la pena nos vienen rápido a la cabeza y al corazón al pensar en una fecha: 11M.
Pero...y si recordamos aquellas imágenes que dieron la vuelta al mundo. Aquellas personas anónimas arriesgando su integridad por ayudar a los demás, por socorrer a las víctimas. No dudaron un segundo en acudir al rescate y organizarse de manera asombrosamente rápida para salvar a los supervivientes.
Cómo reconforta pensar que de un acto tan atroz pudieron aflorar las reacciones más heróicas.
Qué alivio comprobar que si necesito ayuda, tú, que no me conoces, vendrás en mi auxilio.
Y pasa siempre.
Angrois.
En cada tragedia, en cada desastre. Nos organizamos para darlo TODO por los demás.
En mi ciudad hay un monumento a 3 policías, a 3 HÉROES que dieron su vida por otro.
Sabemos ayudarnos. Sabemos olvidarnos de nosotros. Sabemos renunciar a nuestro tiempo, a nuestros "bienes" materiales, a nuestra vanidad.
Nos sale solo.
¿Cuántos voluntarios anónimos hay en el mundo trabajando por reparar injusticias o desigualdades?
El interés social nos sale de dentro.
El bien del otro por encima del mio.
El bien del grupo. El bien común.
A veces da miedo pensar en esa renuncia, en esa falta de comodidad que supone ceder en algo por los demás. Pero ...¿y si somos nosotros los que necesitamos ayuda, comprensión o empatía en un momento dado? ¿Y si, en un mal momento de su vida, es uno de nuestros hijos el que necesita que alguien de su entorno se olvide un poco de sí mismo para prestarle su ayuda actuando en favor de " el bien común"? ¿Y si son ellos los que necesitan un héroe anónimo, un acto de generosidad?
Nos gustaría pensar que no van a estar solos. Que esta sociedad evoluciona igual de rápido que la tecnología o la ciencia y que cada vez somos un grupo más unido a la vez que diverso y tolerante.
Pero desgraciadamente sabemos que queda mucho camino que recorrer para llegar a ser una humanidad "humana".
Suena a utopía. Paz en el mundo. Vivir felices. We are the world.
¿No tenemos remedio? Estoy convencida de que sí. De que necesitamos abrir los ojos y comprobar que nada es posible si recorremos el camino solos. Estoy convencida de que se puede "resetear" el mundo y grabarnos una palabra en el disco duro:
CONEXIÓN.
Si conseguimos interiorizar el hecho de que la conexión entre nosotros es lo que nos enriquece, podremos perderle el miedo a abandonar los individualismos que nos está extinguiendo. Suena drástico pero es así. No hace falta que describa lo que pasaría si cada ser humano pensara solamente en sí mismo.
¿Y qué nos está salvando del colapso?
LA FAMILIA
¿Por quienes somos capaces de olvidarnos de nosotros mismos?
¿A que si? ..¿A que sólo por ellos?...
Nuestros hijos nos enseñan a renunciar a absolutamente todo lo irrenunciable con el simple hecho de existir. Nuestros padres nos inspiran generosidad y entrega. Nuestros hermanos nos enseñan lo que es la primera amistad.
¿ Y si damos un paso más? Por qué no ampliar el círculo.
¿Y si nos aprendemos esa palabreja y educamos pensando un poco más en ella?
¿Y si sembramos en nuestro hijos el sentido de pertenencia de manera que ellos lo transmitan y lo tengan también en cuenta?
Podemos buscar un ambiente cooperativo en casa, en donde todos juntos CONSTRUIMOS FAMILIA.
Podemos enseñar a nuestros hijos a aportar opiniones, decisiones, soluciones, pero también a renunciar a veces por el bien común del grupo:
" Yo quiero ir al parque pero es mejor llegar a tiempo a casa de la abuela"
Se puede inculcar en nuestros hijos la idea de que no siempre tiene que imponerse la voluntad propia.
Se puede enseñar que renunciar a veces es dejar crecer a los demás y, en consecuencia, crecimiento de todos. Es bonito ver cómo va naciendo en ellos la generosidad como reflejo de ese sentido de pertenencia... ¿Cómo creéis que se cultiva?
"La entrega engrandece". "Ayudar para ayudarse a uno mismo". "Dar es recibir".
Parecen lemas o slogans fáciles, pero encierran muchas de las claves de la felicidad.
Conjugar los verbos en primera persona es necesario, pero NOSOTROS es una palabra muy bonita.
Liberarse un poco del YO y hablar en plural da fuerza, respaldo, cobertura.
Es como sentirse equilibrista: "Yo camino sobre la cuerda, pero la red está ahí por si me caigo"
No cambiaremos el mundo en una semana pero nuestros hijos aprenderán a cooperar mientras crecen dejando crecer. Compartiendo.
Primero en casa. Luego en el mundo.
A lo mejor algún día conseguimos que deje de ser noticia el hecho de ayudarnos o pensar en los demás, porque habremos conseguido entender, no que la unión hace la fuerza, sino que la conexión y la cooperación crean humanidad. Nos ayudan a crecer individualmente y como grupo.
Inténtalo, es difícil, pero al final suena bien...GEMEINSCHAFTSGEFÜHL ;)
María Soto Álvarez de Sotomayor
7/8/15
Evolución
¡Que entre el color!
Le decimos adiós a nuestro antiguo logo y damos a bienvenida a todos los retos nuevos, a la aventura y a las ganas de avanzar.
Gracias logo viejo, te sacaremos de vez en cuando a pasear.
Le decimos adiós a nuestro antiguo logo y damos a bienvenida a todos los retos nuevos, a la aventura y a las ganas de avanzar.
Gracias logo viejo, te sacaremos de vez en cuando a pasear.
24/7/15
"Mi madre es tonta"
"Tengo 3 recuerdos de mi infancia y mi juventud que creo que no necesitarían tinta si me hiciera un tatuaje sobre ellos.
El más grande, profundo y bonito es la imagen de mi madre distraída en el aeropuerto. Su actitud aparentemente fría me hundió en una decepción que tardaría años en superar, pero hoy, después de 3 décadas, conservo en mi mente y en mi corazón ese instante como uno de los más importantes de mi vida.
Fue una época difícil para mí, aunque supongo que no mucho más difícil que para el resto de chicas de 14 años. Ahora que puedo verlo a través de otros ojos sé que tuvo que ser complicado convivir con un ceño fruncido con portazo perpetuo incorporado. La edad del pavo, que le llaman.
Me recuerdo en un enfado constante, en un malestar conmigo misma y los demás que no lograba entender. Con un millón de preguntas que, según el día o incluso la hora, tenían diferentes respuestas para mí.
Tampoco se me olvida esa montaña rusa de hormonas y sensaciones, que bailaban entre la lágrima y la carcajada con una cadencia peligrosamente incongruente.
Pero "molaba".
Era feliz riendo o llorando, porque intuyo que eso era exactamente lo que tenía que ser.
Y mi madre.
"Mi madre es tonta".
Era mi frase. Mi lema en mi super-pandilla de clase, en mi super-colegio.En mi super-mundo.
Pero mi madre...
Yo realmente la adoraba, la admiraba y la veneraba en secreto.
La observaba muchas veces, y aunque la mayor parte del tiempo una voz siniestra me decía que le llevara la contraria por sistema, echaba infinitamente de menos sentarme en su regazo o que me contara cosas mientras me peinaba la melena. Hacía demasiado tiempo de eso, pero realmente hacía muy poco tiempo de eso.
La buscaba constantemente. La provocaba para intentar conseguir un poco más de ella. Algo más intenso que su paciencia infinita y su mirada serena. Un grito. Me daba igual. Su aparente pasividad me sacaba de quicio, aunque poco después comencé a entender todas aquellas frases que en su día me desconcertaban. Ahora son las las llaves que me han abierto casi todas la puertas de mi vida.
"Te noto alterada. Creo que es mejor que busquemos otro momento para hablar"
"Sé que si es importante para ti encontrarás una solución"
"Mi madre es tonta"
Y aquel día.Mi tatuaje sin tinta.
La despedida.
Después de un año nefasto en el colegio, la directora le propuso a mis padres enviarme un año al extranjero para aprender un idioma. Querían mandarme a un pueblo en Francia, cerca de Bélgica.
En aquel momento pensé que realmente querían deshacerse de mi.
Y encima no se les ocurre otra cosa que preguntarme.
"Es tu decisión ¿Quieres ir?"
SI.
Si, con una tonelada de orgullo frenando un océano de lágrimas justo en el borde de mis párpados.
Si, con los puños apretados para contener el tembleque de la voz.
Si, con un "no me importa nada" en la mirada y un "no puedo vivir sin vosotros" en el corazón.
Y me fui.
Y ya me había ido al salir del despacho de la directora. Y estuve ausente, muy lejos, durante todo el mes que duraron los preparativos.Y no me dí cuenta de los ojos rojos de mi madre de vez en cuando en la cocina.
No se me olvidará en la vida su abrazo medido y estudiado que antes no sabía y ahora sé leer, lleno de contención, de respeto por no venirse abajo. Su "Sabes que te quiero y confío en que será una gran experiencia para ti" que en ese momento fue un "blablablabla" y ahora vale más para mi que todas la palabras que me quedan por oír.
El hecho de demostrarme un amor infinito en un abrazo que yo sentí contenido, pero que realmente me llenaba la mochila de calor suficiente para dar la vuelta al mundo.
Pero sobretodo, el hecho de haber sabido entender que yo, en aquel momento, no entendía nada."
A todas las hijas que, ahora madres, han aprendido a reconciliar recuerdos.
( Y a M. Aguado, por acompañarme en muchos de ellos)
María Soto Álvarez de Sotomayor
6/7/15
"¡No quiero!"
" Era una mañana de esas que no sabes si playa o terracita a la sombra, de esas que la gente sonríe sin motivo y te sirves lo que haya frío en la nevera.
En el Norte no hay muchas mañanas de esas.
Eugenio esperaba a sus hijos en pijama, bajo la sombra de su morera.
Puede que fuera Jueves y no vinieran hasta las 5, o quizás era Domingo. En ese caso estaban tardando.
Justo cuando Juan apareció por la puerta de la cocina Eugenio se dio cuenta de que llevaba una tostada en la mano. ¿Habría desayunado? ¿Quién era ese que entraba en su casa?
-¡Socorro! ¡Socorro! ¡Auxilioooo!
-Papá tranquilo! Papá soy Juan!!
-¡Ayúdenme! ¡Socorro!
-Papá por Dios, ¡Mírame, soy yo!
-¡Soco.......Idiota! has picado otra vez!! jajajjajajajaja
Juan se recompuso, se preparó para para explicarle a su padre una vez más los peligros de fingir una pérdida de memoria, le miró a los ojos y...no pudo evitar reirse al observar esa cara de niño travieso llena de arrugas. Esa mirada llena de fuerza y de vida que había visto casi todos los amaneceres del mundo. Su padre era un joven anciano atrapado en una piel vieja, pero totalmente innundado de ganas de vivir y disfrutar de cada momento.
"Estás gordo hijo, así no podrás correr si vienen los malos!! jajjajaja"
"No estoy gordo Papá, es el estrés"
"¿Estrés? Estrés dice....Si yo te contara lo que es el Estrés..."
"Llegamos tarde Papá, vístete por favor"
Eugenio era un hombre fuerte y alegre. Eugenio no recordaba cosas a veces, y a veces tenía mucho miedo.
"Tarde a dónde Juan"
"Papá no empieces que ya no es gracioso....bueno, espera....no lo recuerdas, verdad?"
Juan había notado ese temblor, esa leve e imperceptible vibración en sus palabras que le hablaba del miedo, del vacío en el que a veces tenía que luchar su padre por encontrar el camino de vuelta.
"Hoy comemos con Sara, tu hija, y sus niños , Santi y Eugenia"
"Sé quién es mi hija zoquete!"
Eugenio se dió la vuelta y entró en casa todo lo rápido que sus zapatillas sin suela le permitieron.
No era divertido olvidar. No encontraba ese lado positivo que sabía sacarle a todo, no veía por ninguna parte ese punto gamberro que le ayudaba a traducir la vida en canciones populares o chistes poco refinados.
Eugenio a veces se perdía y cada vez le costaba más encontrarse.
Ya en la terraza, con Juan, Sara y los niños, Eugenio pasaba un rato agradable jugando al veo veo con su nieta, cuando ocurrió.
"Ya vienen" dijo.
Se levantó súbitamente y comenzó a andar hacia un terraplén lleno de arbustos que rodeaba la cafetería.
"¿Quién viene?" Juan se levantó y le siguió de cerca
"Ya vienen, ya vienen ¡a cubierto!"
Su cara reflejaba un pavor digno de quien ha vivido los horrores de una guerra, de quien se ha escondido en alcantarillas mientras intenta dormir al son de una sirena. la cara de alguien que estaba viajando en el tiempo a su peor pesadilla.
"Papá por favor vuelve a la mesa, no viene nadie. Estamos comiendo con Sara y los niños"
"Suéltame!! ¡Más vale que corras o te atraparán!"
Eugenio llegó a los arbustos e intentó agazaparse detrás.
Sus hijos lo agarraron por las muñecas e intentaron llevarlo hacia la mesa. él se resistía. Se mantenía quieto, haciendo fuerza. Su cara, su color, el ritmo de su respiración, todo en él estremecía. La gente de las mesas cercanas comenzaba a darse cuenta de la escena y sus hijos empezaban a impacientarse.
"Papá por Dios, reacciona!!"
"¡No quiero! ¡Dejarme!¡No quiero!"
Eugenio rompió a llorar. Eugenio ahora mismo tenía 7 años y estaba escondido con su madre y sus hermanos en las alcantarillas de la calle Fuencarral escuchando cómo decenas de bombas caían sobre la ciudad. Paralizado. Perdido.
Eugenio no sabía volver.
Cuando Sara y Juan estaban a punto de llamar a la ambulancia, su nieta Eugenia se acercó a él y le abrazó. Le estrechó fuerte con sus bracitos regordetes y le llenó la cara de besos.
"Abuelo te quiero, abuelo te quiero. " Le limpiaba las lágimas con su vestido y le apretaba contra su cara "Abuelo te quiero."
Se sentó a su lado e hizo como que se escondía, ofreciéndole un sitio detrás de un arbusto más frondoso. Él aceptó y se acurrucó junto a ella.
"Abuelo había una vez un barquito azul que navegaba por el mar de la India buscando peces de colores, un día...."
En ese momento él la miró a los ojos, le agarró la cara con las dos manos y dijo muy tranquilo:
"...un día tropezó con una ballena amarilla que sabía cantar alrevés..."
Lo habían conseguido.
Habían vuelto juntos venciendo al olvido con el cuento que cada noche le contaba a sus hijos y a sus nietos para dormirse y ahora le contaba a él su nieta pequeña.
"Papá ¿estás bien?¡Menudo susto nos has dado! "
"¿Susto? Susto dice...si yo te contara lo que es un susto...quita zoquete, que estamos jugando!...¿por dónde íbamos princesa?"
Las enfermedades que afectan a la memoria son devastadoras. Todo aquel que haya padecido este tipo de afecciones como cuidador o familiar sabrá que es muy doloroso pasar por momentos de angustia como este, y también sabrán que el cariño y la conexión son casi siempre los únicos puentes hacia la calma.
Intentemos tener eso presente a la hora de tratar con niños, ancianos o cualquier persona que necesite de nuestra comprensión y paciencia para afrontar momentos de transición o, en el caso de los niños, crecimiento. Un "¡No quiero!" la mayoría de las veces dice muchas más cosas que la simple oposición. La única manera de acceder a todo ese "mensaje cifrado" es a través de la paciencia, el cariño. el respeto y la conexión.
Trabajemos la empatía e intentemos conectar siempre antes de corregir, intentar solucionar o avanzar.
María Soto Álvarez de Sotomayor
En el Norte no hay muchas mañanas de esas.
Eugenio esperaba a sus hijos en pijama, bajo la sombra de su morera.
Puede que fuera Jueves y no vinieran hasta las 5, o quizás era Domingo. En ese caso estaban tardando.
Justo cuando Juan apareció por la puerta de la cocina Eugenio se dio cuenta de que llevaba una tostada en la mano. ¿Habría desayunado? ¿Quién era ese que entraba en su casa?
-¡Socorro! ¡Socorro! ¡Auxilioooo!
-Papá tranquilo! Papá soy Juan!!
-¡Ayúdenme! ¡Socorro!
-Papá por Dios, ¡Mírame, soy yo!
-¡Soco.......Idiota! has picado otra vez!! jajajjajajajaja
Juan se recompuso, se preparó para para explicarle a su padre una vez más los peligros de fingir una pérdida de memoria, le miró a los ojos y...no pudo evitar reirse al observar esa cara de niño travieso llena de arrugas. Esa mirada llena de fuerza y de vida que había visto casi todos los amaneceres del mundo. Su padre era un joven anciano atrapado en una piel vieja, pero totalmente innundado de ganas de vivir y disfrutar de cada momento.
"Estás gordo hijo, así no podrás correr si vienen los malos!! jajjajaja"
"No estoy gordo Papá, es el estrés"
"¿Estrés? Estrés dice....Si yo te contara lo que es el Estrés..."
"Llegamos tarde Papá, vístete por favor"
Eugenio era un hombre fuerte y alegre. Eugenio no recordaba cosas a veces, y a veces tenía mucho miedo.
"Tarde a dónde Juan"
"Papá no empieces que ya no es gracioso....bueno, espera....no lo recuerdas, verdad?"
Juan había notado ese temblor, esa leve e imperceptible vibración en sus palabras que le hablaba del miedo, del vacío en el que a veces tenía que luchar su padre por encontrar el camino de vuelta.
"Hoy comemos con Sara, tu hija, y sus niños , Santi y Eugenia"
"Sé quién es mi hija zoquete!"
Eugenio se dió la vuelta y entró en casa todo lo rápido que sus zapatillas sin suela le permitieron.
No era divertido olvidar. No encontraba ese lado positivo que sabía sacarle a todo, no veía por ninguna parte ese punto gamberro que le ayudaba a traducir la vida en canciones populares o chistes poco refinados.
Eugenio a veces se perdía y cada vez le costaba más encontrarse.
Ya en la terraza, con Juan, Sara y los niños, Eugenio pasaba un rato agradable jugando al veo veo con su nieta, cuando ocurrió.
"Ya vienen" dijo.
Se levantó súbitamente y comenzó a andar hacia un terraplén lleno de arbustos que rodeaba la cafetería.
"¿Quién viene?" Juan se levantó y le siguió de cerca
"Ya vienen, ya vienen ¡a cubierto!"
Su cara reflejaba un pavor digno de quien ha vivido los horrores de una guerra, de quien se ha escondido en alcantarillas mientras intenta dormir al son de una sirena. la cara de alguien que estaba viajando en el tiempo a su peor pesadilla.
"Papá por favor vuelve a la mesa, no viene nadie. Estamos comiendo con Sara y los niños"
"Suéltame!! ¡Más vale que corras o te atraparán!"
Eugenio llegó a los arbustos e intentó agazaparse detrás.
Sus hijos lo agarraron por las muñecas e intentaron llevarlo hacia la mesa. él se resistía. Se mantenía quieto, haciendo fuerza. Su cara, su color, el ritmo de su respiración, todo en él estremecía. La gente de las mesas cercanas comenzaba a darse cuenta de la escena y sus hijos empezaban a impacientarse.
"Papá por Dios, reacciona!!"
"¡No quiero! ¡Dejarme!¡No quiero!"
Eugenio rompió a llorar. Eugenio ahora mismo tenía 7 años y estaba escondido con su madre y sus hermanos en las alcantarillas de la calle Fuencarral escuchando cómo decenas de bombas caían sobre la ciudad. Paralizado. Perdido.
Eugenio no sabía volver.
Cuando Sara y Juan estaban a punto de llamar a la ambulancia, su nieta Eugenia se acercó a él y le abrazó. Le estrechó fuerte con sus bracitos regordetes y le llenó la cara de besos.
"Abuelo te quiero, abuelo te quiero. " Le limpiaba las lágimas con su vestido y le apretaba contra su cara "Abuelo te quiero."
Se sentó a su lado e hizo como que se escondía, ofreciéndole un sitio detrás de un arbusto más frondoso. Él aceptó y se acurrucó junto a ella.
"Abuelo había una vez un barquito azul que navegaba por el mar de la India buscando peces de colores, un día...."
En ese momento él la miró a los ojos, le agarró la cara con las dos manos y dijo muy tranquilo:
"...un día tropezó con una ballena amarilla que sabía cantar alrevés..."
Lo habían conseguido.
Habían vuelto juntos venciendo al olvido con el cuento que cada noche le contaba a sus hijos y a sus nietos para dormirse y ahora le contaba a él su nieta pequeña.
"Papá ¿estás bien?¡Menudo susto nos has dado! "
"¿Susto? Susto dice...si yo te contara lo que es un susto...quita zoquete, que estamos jugando!...¿por dónde íbamos princesa?"
Las enfermedades que afectan a la memoria son devastadoras. Todo aquel que haya padecido este tipo de afecciones como cuidador o familiar sabrá que es muy doloroso pasar por momentos de angustia como este, y también sabrán que el cariño y la conexión son casi siempre los únicos puentes hacia la calma.
Intentemos tener eso presente a la hora de tratar con niños, ancianos o cualquier persona que necesite de nuestra comprensión y paciencia para afrontar momentos de transición o, en el caso de los niños, crecimiento. Un "¡No quiero!" la mayoría de las veces dice muchas más cosas que la simple oposición. La única manera de acceder a todo ese "mensaje cifrado" es a través de la paciencia, el cariño. el respeto y la conexión.
Trabajemos la empatía e intentemos conectar siempre antes de corregir, intentar solucionar o avanzar.
María Soto Álvarez de Sotomayor
2/7/15
Comunicación en Familia
La CONEXIÓN entre padres e hijos es la base de la armonía familiar y el pilar maestro sobre el que se apoyan los cimientos de la sociedad.
A lo largo de mi trayectoria profesional he trabajado solucionando problemas de comunicación de diversos tipos y he podido comprobar los efectos de esa clase de trastornos en la calidad de vida de los pacientes y en el desarrollo personal de ellos mismos y de sus FAMILIAS.Pero también me di cuenta de que los trastornos de la voz, el habla o el lenguaje no son los únicos obstáculos que pueden crear problemas de conexión en una familia. Me di cuenta de que la gran mayoría de familias tienen problemas precisamente por eso, por una comunicación muy poco efectiva.
Una comunicación pobre impide el intercambio correcto de información a todos los niveles y dificulta enormemente la unión y la cooperación.
¿Por qué nuestros hijos no nos escuchan? ¿Por qué vivimos totalmente aislados los unos de los otros?
Nos falla esa CONEXIÓN que alimenta el vínculo, no tenemos ese puente que nos mantiene unidos para disfrutar juntos de los buenos momentos y afrontar de la mano los no tan buenos.
Desde el primer instante de vida los bebés necesitan la piel de sus padres para crecer sanos y sentirse seguros. Necesitan contacto,calor, unión.
A medida que siguen creciendo pueden seguir notando esa unión y ese contacto de muchas maneras diferentes, pero si dejan de notarlo, expresarán esa carencia actuando de manera inapropiada. Buscarán esa conexión y esa pertenencia, pero la mayor parte de las veces no sabrán cómo hacerlo.
Cada vez que una madre ( o padre) sostiene a su bebé a la altura de sus ojos y le hace "arrumacos", ese bebé siente conexión. Cada vez que su padre ( o madre) le hace reír con "pedorretas" o caras feas, ese niño siente conexión. La COMUNICACIÓN que crea la CONEXIÓN a esos niveles es así: piel, sonrisas, susurros, caricias,canciones, juego, contacto.
¿Y qué es lo que cambia cuando crecen? ¿Por qué las sonrisas, los susurros, caricias, juego y contacto se convierten en peleas, retos, desobediencia, pasotismo o gritos?
¿Qué falla?
Que la comunicación evoluciona y todo lo que hacemos expresa constantemente. A veces nuestra manera de comunicarnos nos aleja de ellos porque creemos que las palabras tienen que llenar todos esos silencios que antes llenábamos con caricias.
Nada más lejos de la realidad.
No paramos de hablar y no decimos nada.O decimos siempre lo mismo. No les llega el mensaje. Nos oyen pero no escuchan.
Y es que el lenguaje no verbal descuidado puede malinterpretarse, las órdenes constantes crean resistencia, el diálogo unidireccional ( monólogo) no intercambia nada...acabamos desconectándonos de nuestros hijos en nuestro afán por educarles y perdemos así su colaboración. No somos un equipo.La cooperación desaparece y es imposible conseguir que "pongan de su parte". O conseguimos su colaboración basada en el chantaje, el miedo o el hartazgo. No es una conexión efectiva a largo plazo ni estable ante las dificultades.
La buena comunicación familiar es aquella que consigue reforzar los vínculos y crear más puntos de unión, CONECTAR a sus miembros para ayudarles a crecer individualmente y así aportar crecimiento a la familia.
La buena comunicación familiar es aquella en la que todos sus miembros disfrutan de una relación horizontal de respeto, en donde todos puedan expresar de forma amable sus deseos, sentimientos o inquietudes y puedan recibir el feedback necesario para sentirse seguros y seguir confiando los unos en los otros.
¿Y eso cómo se hace?
Se hace teniendo en cuenta que los niños son niños y no siempre se comportarán como quisiéramos. Se consigue sabiendo "leer" su necesidad de conexión y pertenencia detrás de cada mal gesto, de cada "desobediencia" y entendiendo que ellos, por su inmadurez, no sabrán comunicar lo que sienten o lo que les pasa, pero nosotros como adultos podremos facilitárselo si les ayudamos a poner "palabras" a esos portazos, a esas explosiones de ira o esos llantos de frustración. Conectando antes de corregir. "Leyendo" su enfado, poniéndole nombre y buscando una solución.
Una buena comunicación familiar se consigue escuchando. Lo que parece importante y lo que no. Escuchando se enseña a escuchar y se "descubre" a nuestros hijos. Escuchar con la misma atención los "te quieros" que los "te odios", porque ambos expresan.
Si intercambiamos las órdenes por preguntas para dejar que nuestros hijos busquen una respuesta y les enseñamos a pensar por si mismos en lugar de convertirlos en pequeños robots "obedecedores".
Si no nos tomamos como "faltas de respeto" sus expresiones de desánimo o frustración y en vez de ignorarlas o castigarlas, las acompañamos y las modelamos con respeto.
Si intentamos enseñarles las cosas que se pueden hacer en lugar de lo que NO se debe.
Si les motivamos a crecer traduciendo sus errores en oportunidades para mejorar.
Si no les etiquetamos y les hacemos sentirse seguros discriminando lo que SON de lo que HACEN.
Si les comunicamos los límites necesarios para el buen funcionamiento familiar de manera respetuosa y en el momento adecuado ( no en pleno conflicto o discusión, en donde no hay autocontrol por ninguna de las partes).
Si les ayudamos a identificar sus sentimientos para ponerles nombre y poco a poco aprender a gestionarlos de manera adaptativa.
Si les hacemos partícipes en la búsqueda de soluciones y en la toma de decisiones ( guiada por nosotros).
Si les mostramos nuestra confianza y no nuestro miedo a un posible fracaso.
Si nos mantenemos firmes en los momentos en los que la situación lo requiera pero lo hacemos SIEMPRE de la manera más amable y cercana posible....
.....estaremos comunicándonos de manera efectiva y educando desde la conexión y el respeto.
Familias en las que sus miembros se sienten conectados son familias que se apoyan, que disfrutan, que aprenden de los malos momentos y que crecen juntas. A nivel social, son pequeños núcleos desde los que se puede aportar toda esa cooperación, unión y sentido de comunidad que tanto necesita nuestro mundo actualmente.
Una comunicación familiar efectiva puede traducirse en hijos y padres felices, y en una sociedad más empática, unida y dispuesta a la cooperación.
María Soto Álvarez de Sotomayor
15/6/15
"Tenéis una Mamá increíble"
Ojalá este post llegara a tanta gente que la mujer que lo ha inspirado pudiera leerlo.
Ojalá me hubiera atrevido a seguirla y decirle lo que opino de ella. Pero no, sólo le dediqué la mejor de mis sonrisas. No fui capaz de hacer nada más...aunque creo que fue mejor así.
Esta tarde volvía a casa sola. Salí a hacer unos recados y mi marido se quedó con los niños.
Siempre procuro dedicarles el 300% de mi atención cuando estoy con ellos, por eso cuando estoy sola y tengo tiempo suelo observar, escuchar los ruidos de la calle, dar rodeos para pasar por sitios que me gustan o sentarme un par de minutos en algún banco a ver pasar a la gente. Recuperar ese mundo que deja de existir cuando mis hijos me lo llenan por completo ( en el mejor de los sentidos, "claroestá"!).
Decidí volver por una calle peatonal que llega justo hasta mi casa. Lo malo de esa calle es que es una cuesta bastante empinada, pero a las 7 de la tarde tiene una luz genial, así que pensé "la cuesta te viene fenomenal" y empecé a subirla.
A medio camino me fijé que una mujer subía un carrito unos metros por delante de mi, con un niño de unos 2 años sentado y una niña de 6 andando a su lado. La mujer parecía realmente cansada. Por el nivel de su "despeine", las bolsas colgando del carrito y la mochila con los patines de la niña, deduje que había tenido un día muuuuy largo.
Subían tranquilos y en silencio hasta que el niño empezó a llorar. Era un llanto fuerte y constante. Parecía cansado. Su hermana decidió que lo mejor sería propinarle una colleja, que lo único que consiguió fue empeorar la situación.
He de confesar que juzgué. Y juzgué fatal. Esperaba la resignación cognitivo-conductual que se ve constantemente por la calle ( niño modo "berrinche"-madre muy nerviosa ignorando) o una reacción al estrés por parte de ella tipo "dejadlo ya", "quietos", "Sin llorar" o algo por el estilo....
COMO ME HA GUSTADO EQUIVOCARME.
La mujer empezó a cantar.
"Para dormir a un elefante, para dormir a un elefante..."Cantaba sonriendo, tranquila.
Su hijo se giró para mirarla e inmediatamente dejó de llorar.
y ¿qué hizo la niña? Ponerse a cantar con ella.
Me daban ganas de cantar a mí también!!
El niño, con la cara llena de mocos y lágrimas todavía, se acomodó en la silla y miró con cara de pillo a su hermana mientras le tendía la mano. Ella lo agarró y siguió cantando. Andando a su lado. Juntos.
La mujer seguía cantando. Conectando. Conciliando. Consolando. Tranquilizando con su actitud. Enamorando a todos los que estábamos a su alrededor. EDUCANDO.
Su autocontrol. Su forma de buscar soluciones en vez de culpables. Su manera de reconducir la energía de ella y el cansancio de él. La forma en que conectó con los dos y a los dos entre ellos.¡¡¡Cuántas cosas les estaba enseñando con esa canción!!!
Parece una tontería pero me costó no interrumpirla, darle un abrazo y decirle a sus hijos: "Tenéis una Mamá increíble"
Intentemos no ignorar a nuestros hijos cuando más nos necesitan. Cuando lo están pasando mal o no saben hacer algo todo lo bien que a nosotros nos gustaría.
Cuando un niño llora está expresando algo que necesita ser descifrado y comprendido por sus padres. Muchas veces será indescifrable, pero sabemos cuál es el remedio que lo "cura" todo, la tirita maestra que sirve para aliviar todos sus "males": NUESTRO CARIÑO.
Si conseguimos que sientan que pase lo que pase, les comprendemos y les queremos, no hará falta nada más que un pequeño gesto para que las aguas vuelvan a su cauce.
Por su actitud estoy segura de que en otro momento le explicaría a su hija que pegar a su hermano no está bien. Porque no se trata tampoco de ignorar la conducta que ha de ser corregida y esperar que el tiempo o la magia lo solucionen. Es necesario enseñar lo que es correcto, pero esa madre sabía que ese no era el momento ni el lugar. Primero conexión y luego corrección. Siempre.
Y cantando lo calmó, la entretuvo y me emocionó.
"YO soy más importante para Mamá que las cosas que hago".
María Soto Álvarez de Sotomayor
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