6/7/15

"¡No quiero!"

" Era una mañana de esas que no sabes si playa o terracita a la sombra, de esas que la gente sonríe sin motivo y te sirves lo que haya frío en la nevera.
En el Norte no hay muchas mañanas de esas.

Eugenio esperaba a sus hijos en pijama, bajo la sombra de su morera.
Puede que fuera Jueves y no vinieran hasta las 5, o quizás era Domingo. En ese caso estaban tardando.

Justo cuando Juan apareció por la puerta de la cocina Eugenio se dio cuenta de que llevaba una tostada en la mano. ¿Habría desayunado? ¿Quién era ese que entraba en su casa?

-¡Socorro! ¡Socorro! ¡Auxilioooo!
-Papá tranquilo! Papá soy Juan!!
-¡Ayúdenme! ¡Socorro!
-Papá por Dios, ¡Mírame, soy yo!
-¡Soco.......Idiota! has picado otra vez!! jajajjajajajaja

Juan se recompuso, se preparó para para explicarle a su padre una vez más los peligros de fingir una pérdida de memoria, le miró a los ojos y...no pudo evitar reirse al observar esa cara de niño travieso llena de arrugas. Esa mirada llena de fuerza y de vida que había visto casi todos los amaneceres del mundo. Su padre era un joven anciano atrapado en una piel vieja, pero totalmente innundado de ganas de vivir y disfrutar de cada momento.

"Estás gordo hijo, así no podrás correr si vienen los malos!! jajjajaja"
"No estoy gordo Papá, es el estrés"
"¿Estrés? Estrés dice....Si yo te contara lo que es el Estrés..."
"Llegamos tarde Papá, vístete por favor"

Eugenio era un hombre fuerte y alegre. Eugenio no recordaba cosas a veces, y a veces tenía mucho miedo.

"Tarde a dónde Juan"
"Papá no empieces que ya no es gracioso....bueno, espera....no lo recuerdas, verdad?"

Juan había notado ese temblor, esa leve e imperceptible vibración en sus palabras que le hablaba del miedo, del vacío en el que a veces tenía que luchar su padre por encontrar el camino de vuelta.

"Hoy comemos con Sara, tu hija, y sus niños , Santi y Eugenia"
"Sé quién es mi hija zoquete!"

Eugenio se dió la vuelta y entró en casa todo lo rápido que sus zapatillas sin suela le permitieron.

No era divertido olvidar. No encontraba ese lado positivo que sabía sacarle a todo, no veía por ninguna parte ese punto gamberro que le ayudaba a traducir la vida en canciones populares o chistes poco refinados.

Eugenio a veces se perdía y cada vez le costaba más encontrarse.

Ya en la terraza, con Juan, Sara y los niños, Eugenio pasaba un rato agradable  jugando al veo veo con su nieta, cuando ocurrió.

"Ya vienen" dijo.
Se levantó súbitamente y comenzó a andar hacia un terraplén lleno de arbustos que rodeaba la cafetería.
"¿Quién viene?" Juan se levantó y le siguió de cerca
"Ya vienen, ya vienen ¡a cubierto!"
Su cara reflejaba un pavor digno de quien ha vivido los horrores de una guerra, de quien se ha escondido en alcantarillas mientras intenta dormir al son de una sirena. la cara de alguien que estaba viajando en el tiempo a su peor pesadilla.

"Papá por favor vuelve a la mesa, no viene nadie. Estamos comiendo con Sara y los niños"
"Suéltame!! ¡Más vale que corras o te atraparán!"
Eugenio llegó a los arbustos e intentó agazaparse detrás.

Sus hijos lo agarraron por las muñecas e intentaron llevarlo hacia la mesa. él se resistía. Se mantenía quieto, haciendo fuerza. Su cara, su color, el ritmo de su respiración, todo en él estremecía. La gente de las mesas cercanas comenzaba a darse cuenta de la escena y sus hijos empezaban a impacientarse.

"Papá por Dios, reacciona!!"

"¡No quiero! ¡Dejarme!¡No quiero!"

Eugenio rompió a llorar. Eugenio  ahora mismo tenía 7 años y estaba escondido con su madre y sus hermanos en las alcantarillas de la calle Fuencarral escuchando cómo decenas de bombas caían sobre la ciudad. Paralizado. Perdido.

Eugenio no sabía volver.

Cuando Sara y Juan estaban a punto de llamar a la ambulancia, su nieta Eugenia se acercó a él y le abrazó. Le estrechó fuerte con sus bracitos regordetes y le llenó la cara de besos.

"Abuelo te quiero, abuelo te quiero. "  Le limpiaba las lágimas con su vestido y le apretaba contra su cara "Abuelo te quiero." 
Se sentó a su lado e hizo como que se escondía, ofreciéndole un sitio detrás de un arbusto más frondoso. Él aceptó y se acurrucó junto a ella.
"Abuelo había una vez un barquito azul que navegaba por el mar de la India buscando peces de colores, un día...." 
En ese momento él la miró a los ojos, le agarró la cara con las dos manos y dijo muy tranquilo:

"...un día tropezó con una ballena amarilla que sabía cantar alrevés..."

Lo habían conseguido. 

Habían vuelto juntos venciendo al olvido con el cuento que cada noche le contaba a sus hijos y a sus nietos para dormirse y ahora le contaba a él su nieta pequeña. 

"Papá ¿estás bien?¡Menudo susto nos has dado! "

"¿Susto? Susto dice...si yo te contara lo que es un susto...quita zoquete, que estamos jugando!...¿por dónde íbamos princesa?"


Las enfermedades que afectan a la memoria son devastadoras. Todo aquel que haya padecido este tipo de afecciones como cuidador o familiar sabrá que es muy doloroso pasar por momentos de angustia como este, y también sabrán que el cariño y la conexión son casi siempre los únicos puentes hacia la calma.

Intentemos tener eso presente a la hora de tratar con niños, ancianos o cualquier persona que necesite de nuestra comprensión y paciencia para afrontar momentos de transición o, en el caso de los niños, crecimiento. Un "¡No quiero!" la mayoría de las veces dice muchas más cosas que la simple oposición. La única manera de acceder a todo ese "mensaje cifrado" es a través de la paciencia, el cariño. el respeto y la conexión.

Trabajemos la empatía e intentemos conectar siempre antes de corregir, intentar solucionar o avanzar.



María Soto Álvarez de Sotomayor





2/7/15

Comunicación en Familia



La CONEXIÓN entre padres e hijos es la base de la armonía familiar y el pilar maestro sobre el que se apoyan los cimientos de la sociedad.

A lo largo de mi trayectoria profesional he trabajado solucionando problemas de comunicación de diversos tipos y he podido comprobar los efectos de esa clase de trastornos en la calidad de vida de los pacientes y en el desarrollo personal de ellos mismos y de sus FAMILIAS.Pero también me di cuenta de que los trastornos de la voz, el habla o el lenguaje no son los únicos obstáculos que pueden crear problemas de conexión en una familia. Me di cuenta de que la gran mayoría de familias tienen problemas precisamente por eso, por una comunicación muy poco efectiva.

Una comunicación pobre impide el intercambio correcto de información a todos los niveles y dificulta enormemente la unión y la cooperación.

¿Por qué nuestros hijos no nos escuchan? ¿Por qué vivimos totalmente aislados los unos de los otros?

Nos falla esa CONEXIÓN que alimenta el vínculo, no tenemos ese puente que nos mantiene unidos para disfrutar juntos de los buenos momentos y afrontar de la mano los no tan buenos.

Desde el primer instante de vida los bebés necesitan la piel de sus padres para crecer sanos y sentirse seguros. Necesitan contacto,calor, unión.
A medida que siguen creciendo pueden seguir notando esa unión y ese contacto de muchas maneras diferentes, pero si dejan de notarlo, expresarán esa carencia actuando de manera inapropiada. Buscarán esa conexión y esa pertenencia, pero la mayor parte de las veces no sabrán cómo hacerlo.

Cada vez que una madre ( o padre) sostiene a su bebé a la altura de sus ojos y le hace "arrumacos", ese bebé siente conexión. Cada vez que su padre ( o madre) le hace reír con "pedorretas" o caras feas, ese niño siente conexión. La COMUNICACIÓN que crea la CONEXIÓN a esos niveles es así: piel, sonrisas, susurros, caricias,canciones, juego, contacto.

¿Y qué es lo que cambia cuando crecen? ¿Por qué las sonrisas, los susurros, caricias, juego y contacto se convierten en peleas, retos, desobediencia, pasotismo o gritos?

¿Qué falla?

Que la comunicación evoluciona y todo lo que hacemos expresa constantemente. A veces nuestra manera de comunicarnos nos aleja de ellos porque creemos que las palabras tienen que llenar todos esos silencios que antes llenábamos con caricias.

Nada más lejos de la realidad.

No paramos de hablar y no decimos nada.O decimos siempre lo mismo. No les llega el mensaje. Nos oyen pero no escuchan.

Y es que el lenguaje no verbal descuidado puede malinterpretarse, las órdenes constantes crean resistencia, el diálogo unidireccional ( monólogo) no intercambia nada...acabamos desconectándonos de nuestros hijos en nuestro afán por educarles y perdemos así su colaboración. No somos un equipo.La cooperación desaparece y es imposible conseguir que "pongan de su parte". O conseguimos su colaboración basada en el chantaje, el miedo o el hartazgo. No es una conexión efectiva a largo plazo ni estable ante las dificultades.

La buena comunicación familiar es aquella que consigue reforzar los vínculos y crear más puntos de unión, CONECTAR a sus miembros para ayudarles a crecer individualmente y así aportar crecimiento a la familia.

La buena comunicación familiar es aquella en la que todos sus miembros disfrutan de una relación horizontal de respeto, en donde todos puedan expresar de forma amable sus deseos, sentimientos o inquietudes y puedan recibir el feedback necesario para sentirse seguros y seguir confiando los unos en los otros.

¿Y eso cómo se hace?
Se hace teniendo en cuenta que los niños son niños y no siempre se comportarán como quisiéramos. Se consigue sabiendo "leer" su necesidad de conexión y pertenencia detrás de cada mal gesto, de cada "desobediencia" y entendiendo que ellos, por su inmadurez, no sabrán comunicar lo que sienten o lo que les pasa, pero nosotros como adultos podremos facilitárselo si les ayudamos a poner "palabras" a esos portazos, a esas explosiones de ira o esos llantos de frustración. Conectando antes de corregir. "Leyendo" su enfado, poniéndole nombre y buscando una solución.

Una buena comunicación familiar se consigue escuchando. Lo que parece importante y lo que no. Escuchando se enseña a escuchar y se "descubre" a nuestros hijos. Escuchar con la misma atención los "te quieros" que los "te odios", porque ambos expresan.

Si intercambiamos las órdenes por preguntas para dejar que nuestros hijos busquen una respuesta y les enseñamos a pensar por si mismos en lugar de convertirlos en pequeños robots "obedecedores".
Si no nos tomamos como "faltas de respeto" sus expresiones de desánimo o frustración y en vez de ignorarlas o castigarlas, las acompañamos y las modelamos con respeto.
Si intentamos enseñarles las cosas que se pueden hacer en lugar de lo que NO se debe.
Si les motivamos a crecer traduciendo sus errores en oportunidades para mejorar.
Si no les etiquetamos y les hacemos sentirse seguros discriminando lo que SON de lo que HACEN.
Si les comunicamos los límites necesarios para el buen funcionamiento familiar de manera respetuosa y en el momento adecuado ( no en pleno conflicto o discusión, en donde no hay autocontrol por ninguna de las partes).
Si les ayudamos a identificar sus sentimientos para ponerles nombre y poco a poco aprender a gestionarlos de manera adaptativa.
Si les hacemos partícipes en la búsqueda de soluciones y en la toma de decisiones ( guiada por nosotros).
Si les mostramos nuestra confianza y no nuestro miedo a un posible fracaso.
Si nos mantenemos firmes en los momentos en los que la situación lo requiera pero lo hacemos SIEMPRE de la manera más amable y cercana posible....

.....estaremos comunicándonos de manera efectiva y educando desde la conexión y el respeto.

Familias en las que sus miembros se sienten conectados son familias que se apoyan, que disfrutan, que aprenden de los malos momentos y que crecen juntas. A nivel social, son pequeños núcleos desde los que se puede aportar toda esa cooperación, unión y sentido de comunidad que tanto necesita nuestro mundo actualmente.
Una comunicación familiar efectiva puede traducirse en hijos y padres felices, y en una sociedad más empática, unida y dispuesta a la cooperación.




María Soto Álvarez de Sotomayor










15/6/15

"Tenéis una Mamá increíble"


Ojalá este post llegara a tanta gente que la mujer que lo ha inspirado pudiera leerlo.

Ojalá me hubiera atrevido a seguirla y decirle lo que opino de ella. Pero no, sólo le dediqué la mejor  de mis sonrisas. No fui capaz de hacer nada más...aunque creo que fue mejor así.

Esta tarde volvía a casa sola. Salí a hacer unos recados y mi marido se quedó con los niños.
Siempre procuro dedicarles el 300% de mi atención cuando estoy con ellos, por eso cuando estoy sola y tengo tiempo suelo observar, escuchar los ruidos de la calle, dar rodeos para pasar por sitios que me gustan o sentarme un par de minutos en algún banco a ver pasar a la gente. Recuperar ese mundo que deja de existir cuando mis hijos me lo llenan por completo ( en el mejor de los sentidos, "claroestá"!).

Decidí volver por una calle peatonal que llega justo hasta mi casa. Lo malo de esa calle es que es una cuesta bastante empinada, pero a las 7 de la tarde tiene una luz genial, así que pensé "la cuesta te viene fenomenal" y empecé a subirla.

A medio camino me fijé que una mujer subía un carrito unos metros por delante de mi, con un niño de unos 2 años sentado y una niña de 6 andando a su lado. La mujer parecía realmente cansada. Por el nivel de su "despeine", las bolsas colgando del carrito y la mochila con los patines de la niña, deduje que había tenido un día muuuuy largo.

Subían tranquilos y en silencio hasta que el niño empezó a llorar. Era un llanto fuerte y constante. Parecía cansado. Su hermana decidió que lo mejor sería propinarle una colleja, que lo único que consiguió fue empeorar la situación.

He de confesar que juzgué. Y juzgué fatal. Esperaba la resignación cognitivo-conductual que se ve constantemente por la calle ( niño modo "berrinche"-madre muy nerviosa ignorando) o una reacción al estrés por parte de ella tipo "dejadlo ya", "quietos", "Sin llorar" o algo por el estilo....

COMO ME HA GUSTADO EQUIVOCARME.

La mujer empezó a cantar.
"Para dormir a un elefante, para dormir a un elefante..."Cantaba sonriendo, tranquila.

Su hijo se giró para mirarla e inmediatamente dejó de llorar.
y ¿qué hizo la niña? Ponerse a cantar con ella.

Me daban ganas de cantar a mí también!!

El niño, con la cara llena de mocos y lágrimas todavía, se acomodó en la silla y miró con cara de pillo a su hermana mientras le tendía la mano. Ella lo agarró y siguió cantando. Andando a su lado. Juntos.

La mujer seguía cantando. Conectando. Conciliando. Consolando. Tranquilizando con su actitud. Enamorando a todos los que estábamos a su alrededor. EDUCANDO.

Su autocontrol. Su forma de buscar soluciones en vez de culpables. Su manera de reconducir la energía de ella y el cansancio de él. La forma en que conectó con los dos y a los dos entre ellos.¡¡¡Cuántas cosas les estaba enseñando con esa canción!!!

Parece una tontería pero me costó no interrumpirla, darle un abrazo y decirle a sus hijos: "Tenéis una Mamá increíble"

Intentemos no ignorar a nuestros hijos cuando más nos necesitan. Cuando lo están pasando mal o no saben hacer algo todo lo bien que a nosotros nos gustaría.

Cuando un niño llora está expresando algo que necesita ser descifrado y comprendido por sus padres. Muchas veces será indescifrable, pero sabemos cuál es el remedio que lo "cura" todo, la tirita maestra que sirve para aliviar todos sus "males": NUESTRO CARIÑO.
Si conseguimos que sientan que pase lo que pase, les comprendemos y les queremos, no hará falta nada más que un pequeño gesto para que las aguas vuelvan a su cauce.

Por su actitud estoy segura de que en otro momento le explicaría a su hija que pegar a su hermano no está bien. Porque no se trata tampoco de ignorar la conducta que ha de ser corregida y esperar que el tiempo o la magia lo solucionen. Es necesario enseñar lo que es correcto, pero esa madre sabía que ese no era el momento ni el lugar. Primero conexión y luego corrección. Siempre.

Y cantando lo calmó, la entretuvo y me emocionó.


"YO soy más importante para Mamá que las cosas que hago".




María Soto Álvarez de Sotomayor


31/5/15

Mi ventana



"No recordaba así la ciudad en donde nació. 
Hoy parecía como si el tiempo se hubiese detenido.

Notó quietud.
Volver a recorrer las calles que saltaba y recorría trotando con sus hermanos hacía ya casi treinta años le dibujó una sonrisa triste en la cara.
Pensó en sus hijos. Ella entonces tenía la misma edad que Juan ahora cuando subía esos peldaños cada día.
La madre de todas las nostalgias llegó al pasar bajo la ventana que la había visto nacer y no pudo evitar cruzar y quedarse quieta observando sus recuerdos a través de las cortinas. 

Hay veces que se llora de emoción y otras con la fuerza de un millón de momentos grabados en el alma. Casi sin lágrimas, pero con un terremoto en el pecho.
En su mente se reconstruían escenarios de fotos en blanco y negro, de música de Papá y de tardes en el patio.
Imposible recordar a su madre durmiéndola en brazos cada noche, pero había sido ahí, justo detrás de ese cristal, en donde alguien la había querido más que a nada en el mundo. 
Encima de ese taller de motos había aprendido a andar, a querer, a caerse y a llorar.

Y allí permaneció,bajo el último rayo de sol que salpicaba la calle de sombras. Respirando aire viejo. Recargando su identidad con cientos de recuerdos que había llegado el momento de admitir, aceptar, llorar y reconciliar. Sonriendo en esos otros instantes de unión, de calor y de fuerza.

Su familia.
Su infancia.

Esa ventana tenía su nariz pegada en mil tardes de lluvia y un trozo muy importante de su nombre."

¿Qué recuerdos tendrán nuestros hijos de su infancia?
Me gustaría pensar que si algún día pasan debajo de su primera ventana puedan sentir todo el amor, la seguridad y el calor que tratamos de transmitirles. Que recuerden sus raíces con una sonrisa bien grande en la cara y se diviertan recorriendo sus álbumes de fotos.

No podemos controlar lo que nuestros hijos guardan en su memoria como momentos importantes, pero lo que sí podemos hacer es crear más oportunidades para que surjan instantes que, con el tiempo, sean buenos recuerdos.

HACER FAMILIA.

Las rutinas y el día a día pueden hacernos olvidar que para ellos eso es lo menos importante. Nuestros hijos construyen los cimientos de una vida mientras a veces nosotros estamos más preocupados de "lo que hay que hacer" o "cómo se tiene que hacer".

¿Quién no recuerda una noche de apagón con velas o un momento diferente con sus padres y hermanos?

No se trata de hacer "momentos únicos" constantemente, porque obviamente dejarían de ser únicos, pero sí pensar que nos miran con ojos de amor incondicional, con unas gafas que captan todo pero interpretan desde la necesidad de pertenecer. Por eso, una sonrisa puede quedarse grabada eternamente, igual que un grito o un mal gesto.

Disfrutemos de nuestros hijos, como se pueda en cada momento, porque esa será la manera más auténtica de que nos sientan cerca y su mente se llene de recuerdos amables.

Nuestros recuerdos son las huellas de la vida en nuestro ADN.









10/5/15

"Quédate a cenar"


Nos han dado la noticia.
El titular de nuestra vida.

Nada en el mundo consigue removernos, emocionarnos e inundarnos de tantas sensaciones como el instante en el que sabemos que vamos a tener un bebé. La magia se queda corta. Es nuestro milagro particular. El momento más increíble de nuestra vida.
Todo cambia en esa fracción de segundo y la vida ya no sabe igual. Ya no importa nada más.
Los meses pasan rápido y el tiempo se acelera al mismo ritmo que las ganas.

Y ocurre.

Nuestro bebé llega. Y lo único que tenemos es un amor infinito que va de la mano de ese miedo tan real. De ese temor a no saber qué hacer.

Pero ya lo hemos soñado muchas veces. Hemos soñado con su carita, con su voz. Ya hemos decidido si le gustará la música o será más de hacer deporte. Nos hemos permitido el lujo de fantasear sobre su profesión futura o sobre el tipo de persona que nos gustaría que fuera.

Si. Lo hacemos.

Hemos soñado con lo que nuestro hijo podría llegar a ser. Con todas las cualidades que nos gustaría que tuviera y así, mientras duraba esa larga espera, nos ilusionábamos visualizando una persona casi ideal.

¿Y por qué no soñar? Es nuestro hijo, queremos pensarle libre, feliz y realizado ¿no?

La vida va pasando y las realidades de cada etapa se van sucediendo, y aunque disfrutamos cada segundo de su existencia no podemos evitar pensar a veces si de verdad va a salir todo bien.

Es en ese punto, cuando empiezan los primeros conflictos y las primeras batallas diarias cuando  no debemos olvidarnos de todas las cualidades que les soñamos, de toda esa fantasía que alimentó nuestras ganas de que llegara. Porque es en los momentos de conflicto cuando tenemos que pensar que sólo hay un camino para llegar a ese hijo libre, feliz y realizado. Sólo podemos ayudarle a lograr ese futuro de una manera:

Gestionando los momentos difíciles de manera adecuada. Acompañándole en el día a día a superar esos baches mientras les preparamos para la vida al mismo tiempo.

Si asumimos su condición de niño, su inexperiencia, sus posibles comportamientos inadecuados, su evolución natural como parte de un proceso necesario para la adquisición de habilidades futuras, nuestro camino será mucho más llevadero y provechoso, porque intervendremos en sus malos momentos desde el respeto, la comprensión y la confianza de que todo evolucionará si nos centramos en soluciones.

Dependiendo de nuestro autocontrol, nuestra capacidad para empatizar con ellos y nuestra manera de ayudarles a crecer, a pensar por si mismos y a evolucionar sin presión o sobreprotección, podremos acercarnos a ese futuro soñado con pequeños pasos. Poco a poco pero muy seguros de que ese renacuajo que no llega al metro de altura será una persona íntegra el día de mañana.
Como quiera ser. Con libertad.
Le habremos ayudado a no estancarse, habremos evitado enquistarnos en una fase mal llevada o en un problema que sólo era parte de la punta de un iceberg.

" - Imagínate que han pasado 25 años y estás en tu casa un día cualquiera. Llaman a la puerta.
Es uno de tus hijos que viene a cenar. ¿Puedo preguntarte qué habilidades te gustaría que tuviera, qué clase de persona te gustaría que fuera?

(Silencio)


-Me gustaría que quisiera venir a cenar conmigo"






30/3/15

Niños desmotivados

Hoy quiero escribir sobre una de las asignaturas pendientes que tenemos como padres: La motivación.

No motivamos a nuestros hijos.
No les motivamos cuando hacen las cosas bien y mucho menos cuando lo hacen mal.

Y¿ Qué podemos esperar de una persona desmotivada ?
Muy poca cosa.

¿Qué hacemos normalmente para conseguir que nuestros hijos "se comporten" y "hagan lo que tienen que hacer"?
Hemos recurrido principalmente al chantaje ( si haces esto....) y  la amenaza (si no haces esto no tendrás...), a la imposición, al sermón, a la "verborrea", al grito...A veces intentamos hablar con ellos y decirles lo que tienen que hacer, para luego repetirlo infinitamente en toda la gama de "tonos de madre/padre" que existen. Porque esa es la cuestión: hagamos lo que hagamos, no terminan de aprender.

"Siempre estamos igual" "Siempre la misma historia" "Otra vez hay que decírtelo"

¿Y si el problema de base fuera que les da absolutamente igual lo que les digamos y cómo se lo digamos porque están completamente DESMOTIVADOS? Están cansados y aburridos de nosotros, y lo que es peor, no tienen el más mínimo interés por aprender porque no les dejamos hacerlo, queremos que OBEDEZCAN sin permitirles experimentar el proceso de adquisición de nuevas habilidades, que conlleva probar, equivocarse, discurrir qué ha fallado y buscar una solución.

Pensemos qué pasaría si intentásemos ponernos en su lugar en un día normal de su vida: ÓRDENES, IMPOSICIONES,INMEDIATEZ,CHANTAJES/AMENAZAS.

¿Qué nos provocaría? ¿Nos motivaría a intentar ser mejores? ¿A seguir intentando avanzar y crecer para madurar?

No lo creo.

¿Y qué pasaría si comenzáramos a valorar los pequeños logros del proceso y no a esperar que "aprendan de una vez" a hacer todo lo que les pedimos? ¿Qué ocurriría si les dejásemos pensar y procesar por sí mismos qué hay que mejorar y cómo podríamos hacerlo?

Si intentáramos conectar con nuestros hijos, valorar su esfuerzo en cada nueva etapa y dejarles sentir la sensación de "al menos haberlo intentado", probablemente estaríamos motivándoles para experimentar por sí mismos la satisfacción de ir superando baches y alcanzando nuevos retos. Si en vez de centrar nuestra atención en el fallo intentáramos enseñarles que para cada problema se puede buscar una solución estaríamos eliminando ese miedo irracional a equivocarnos que muchas veces aún de adultos nos bloquea y estaríamos formando personas resolutivas y seguras de sí mismas. Estaríamos MOTIVÁNDOLES.

¿Y cómo podemos hacerlo?

Pues con mucha paciencia, ganas, imaginación y esperanza. Casi nada.

Si un niño siente que sus padres confían en él, si escucha frases tipo : "Sé que mañana lo vas a hacer mejor" "Confío en que quieres mejorar en esto" "Estoy segura de que vamos a encontrar una solución a este problema", puede que se sienta un poco más motivado para no rendirse y para intentar avanzar. Puede que se sienta menos culpable y más capaz.
Por el contrario si sólo escucha reproches, frases desmotivadoras y tonos de "agotamiento" de sus figuras "modelo", de las personas a las que más quiere en este mundo, jamás se sentirá con el poder, las ganas y la fuerza para hacerlo mejor.

Si encima ponemos el énfasis en lo que ha hecho mal, y no en lo que "va haciendo un poco mejor" su desmotivación será total.

Otra de las causas de la falta de motivación es que no tienen que pensar. No les dejamos. Les DECIMOS absolutamente todo lo que tienen que hacer (NO hacer más bien).
Quizás si cambiáramos las órdenes por preguntas y escucháramos las conclusiones a las que llegan por sí mismos, nos sorprenderíamos y nos daríamos cuenta de que llevamos años anulando a nuestros hijos.

Tenemos que EMPODERARLES. Permitir que sean conscientes de su propio poder. Que sientan que SON CAPACES aunque no lo hagan bien y se equivoquen.

Pero en eso también fallamos. ¿Quién no ha oído en un parque frases tipo "por ahí no que está muy alto!!!" " No corras que te caes!!" "Despacio que te haces daaaaño!!"

¿Y si las cambiáramos por distancia,silencio y supervisión?¿Y si les dejáramos "caerse" un par de veces para que aprendieran por si mismos a fijarse por dónde van, a agarrarse más fuerte, a esquivar los baches, a prevenir un tropiezo? No digo que seamos imprudentes y les dejemos HACERSE DAÑO, pero seamos sinceros ¿Cuántas de esas veces que les "advertimos de un PELIGRO" serían motivo de tirita u hospital? ¿Ninguna, verdad?

Si un niño nota que el adulto que tiene al lado no le cree capaz de hacer algo, jamás se sentirá capaz.

Frases como "¡vamos a intentarlo!","¿Practicamos un poco?","¿Quieres probar?","¿Te atreves?","¡¡Otra vez!!""¿Cómo hacemos para que nos salga mejor?"... dan poder. Frases sin juicios de valor o falta de respeto, sin desmotivación, culpa o duda. Eso es lo que necesitan oír nuestros hijos, en el parque y en la vida.

¿Y qué pasa cuando nuestros hijos "son buenos" y "lo hacen bien"?
¿Les animamos y alentamos para que sigan avanzando o les ALABAMOS?

"MUY BIEN"

Cuánto pesan esas dos palabras.
Cuánta importancia y valor le damos al "criterio propio" y qué pocas veces damos la oportunidad a nuestros hijos de desarrollarlo. ¿Y por qué? Porque juzgamos sus actos y no dejamos que ellos saquen sus propias conclusiones.

Si ante un dibujo bonito o un diez en matemáticas, en vez de alabar con un "muy bien" fuésemos capaces de dar ánimos y hacer sentir a nuestros hijos su propia satisfacción ante el logro conseguido, en lugar de la nuestra, estaríamos alimentando su autoestima, y no su necesidad de aprobación externa.

Y, otra vez...¿Cómo lo hacemos?

Una de las maneras más fáciles y eficaces de hacerlo es eliminar el juicio y añadir una descripción y una pregunta:

" ¡Has sacado un diez! ¿Estás contet@?"

Mostramos alegría por su triunfo pero, ¿Quién juzga, siente y procesa lo ocurrido?

Ellos.

No se trata de eliminar el "muy bien" del idioma español y condenarlo a la hoguera, simplemente ser conscientes de que se puede motivar también en los buenos momentos, pero sin caer en la alabanza, para encaminar a nuestros hijos hacia la autoestima y eliminar futuras inseguridades. A partir de ahora podemos intentar DAR CONFIANZA Y PODER haciéndoles sentir que, aunque sus padres están orgullosos de ellos, lo importante es que ellos estén orgullosos de sí mismos.

Motivemos a nuestros hijos en el esfuerzo por mejorar mostrando que confiamos en ellos, dándoles el poder para hacerlo y enseñándoles que los errores son oportunidades maravillosas de aprendizaje. Estamos a tiempo de eliminar la culpa, la desidia y la inseguridad, y aprovechar cada nuevo reto del día a día para brindarles habilidades para toda la vida.











13/3/15

Bienvenido


Perdona por las prisas, pero no he tenido tiempo suficiente para preparar una fiesta de bienvenida en condiciones. Te sonará a excusa pero 9 meses pasan volando.

Bienvenido.

A mis brazos, a la vida.

 Bienvenido a este lado de mi piel, en donde intentaré que sigas sintiendo todo el calor que tengo para darte. Notarás que tiemblo a veces, o quizás sentirás que lloro cuando te observo mientras duermes...no quiero preocuparte, pero no tengo ni idea de que se hace con tanto amor, se me escapa de las manos y me desborda de los ojos.
Desde hoy viviremos juntos la mayor aventura de nuestras vidas... Tenemos tanto que aprender!!
Tu a dar tus primeros pasos.... y yo a dejar que tropieces.
Te pido perdón si alguna vez te quiero demasiado y no te dejo sentir, pensar o decidir...La sola idea de que sufras ya me atormenta, pero sé que sólo así serás un hombre libre.
Quiero enseñarte a sonreír aunque te equivoques y a querer seguir creciendo en cada bache, por eso voy a perdonarme por encontrarme tan perdida, seguro que salimos de más de un aprieto si vamos juntos de la mano.

Tu padre y yo ya te adoramos desde antes de que tu corazón aprendiera a latir, por eso queremos ser para ti ese refugio desde donde puedas salir a descubrir el mundo sintiéndote seguro, desde donde puedas vivir una vida llena de desafíos.

Queremos ser tu raíz, ese faro lejano que te guie si la noche es demasiado oscura.

Bienvenido a este sitio apasionante llamado mundo, que te espera para que lo exprimas y lo hagas tuyo.Estoy deseando que me enseñes a verlo con tus ojos. Deseando preguntarte qué tal te ha ido el día, que tu vocecita inunde la casa con tu risa, conocerte mientras creces y protestar porque me pica tu barba en nuestros besos.

Reiremos juntos, lloraremos y puede que hasta nos enfademos. Tendremos miedos y los superaremos. Yo admitiré que no me dirijas la palabra y tú acabarás aceptando que te aparte el pelo de la cara.

Nunca te olvides de que, pase lo que pase eres mi milagro, mi trascendencia en la vida, mi alma compartida y por eso necesito que te sientas importante, lo más importante...aunque algunas veces no sepa transmitirlo.

A lo largo de tu vida te encontrarás con gente maravillosa y puede que te enamores algún día. Si eso pasara y el amor no fuera suficiente, si se os quedara corto ser dos solamente, espero que puedas encontrarte como yo estoy ahora, desbordado de alegría, impaciente y asustado, intentando decirle al verdadero amor de tu vida GRACIAS POR EXISTIR.

Te quiere siempre,

Mamá.


(Para Antón y Elena)